jueves, 26 de febrero de 2009

Al escondite Chino

Curiosa historia lleva rondando una semana por la blogosfera y los foros en China.

Resulta que la semana pasada la policía informa sobre la muerte de un preso. Ahí va la versión del gobierno: Según fuentes oficiales, Li Qiaoming murió a causa de una fuerte contusión en la cabeza, ocurrida mientras jugaba a una especie de escondite en el patio de la cárcel con sus compañeros de prisión.

Para empezar, la historia es sí ya hace preguntarse ¿Qué hacen los prisioneros jugando al escondite? ¿Ya son mayorcitos para esos juegos, no?

El caso es que la inverosímil versión de la policía generó un fuerte debate en Internet, que llevó a la gente a preguntarse qué había de verdad en la historia.

Algunos decían que seguro que el preso había muerto debido a la brutalidad policial, que según dicen los propios internautas chinos no es poco común en este país; mientras, otros opinaban que la historia era tan absurda que tenía que ser verdad. Cosa en la que he de decir que estoy de acuerdo, porque, si de verdad es una excusa que se han inventado, que la próxima vez se la invente otro, porque esta es tan mala que raya la estupidez.

Volviendo a la historia. Se supone que le tocó a Li aquello de “¡Tu la ligas!” y el pobre se tapó los ojos con una banda, y siempre según la versión oficial, poco después, otro de los presos, Pu Huayong, descontento con el resultado del juego, propinó sendas patadas y puñetazos a Li, haciendo que este cayera y se golpeara en la cabeza contra el canto de una puerta. Fue entonces trasladado a un hospital donde murió por la lesión cerebral cuatro días después.

Este tipo de fatalidades ocurren, y dando por hecho que de verdad estuvieran jugando al escondite, no me extrañaría que a Pu le diera una rabieta por que iba perdiendo y se pusiera a patalear… a su compañero.

Pero siguiendo con el descontento de los internautas chinos, que lamentando profundamente la muerte de este preso, es lo importante de la historia, la policía de Yunan, la provincia del sur dónde ocurrieron estos sucesos, decidió dar un paso al frente y alardear de transparencia. ¿Como hicieron esto? Pues el listo de la comisaría, y yo creo que debió ser el mismo que se inventó la excusa del escondite, decidió hacer un comité popular para que los ciudadanos participaran en la investigación policial y vieran que no había manipulación de la información.

Dicho y hecho, pidiendo la ayuda popular por Internet, de los 1000 voluntarios que se presentaron eligieron 15 y los llevaron a ver la escena del crimen. Ya me imagino el reclamo policial en la página web “Partcipe de un episodio de CSI en primera persona”.

Y efectivamente en primera persona fueron los 15 elegidos a la prisión. La historia, que ha llegado hasta el New York Times, asegura que, curiosamente al grupo de aficionados ni se les mostró videos del sistema de vigilancia, ni pudieron hacer preguntas a otros policías, ni siquiera se les dejó ver al presunto agresor Pu. Pero allí estuvieron.

Los ilusos policías creyeron que con esta maniobra podrían moldear la opinión pública china de una manera más elegante de la que están acostumbrados.

De hecho en las mismas declaraciones de Wu Hao, uno de los oficiales del departamento de propaganda (nunca dejaré de sorprenderme porque a estas alturas aun no le hayan cambiado el nombre al departamento), este señor, digo, aseguraba que esperaba que esta participación ciudadana ayudase a restaurar la confianza de la opinión pública en el gobierno.

Según sus propias palabras, son conscientes de que las dudas de los internautas más que desaparecer tienden a hincharse y que el gobierno podría fácilmente haber censurado la información o borrado los comentarios al respecto pero que “un problema de opinión pública en Internet debe ser resuelto por métodos de Internet”. Lo que en ningún momento dice es que este nuevo planteamiento fuera encaminado a solucionar el caso en sí, si no más bien a conseguir la aprobación general.

Pero (y es que en estas cosas siempre hay un pero) toda la maniobra, como ya muchos esperábamos y esperabais, resulto ser un fiasco. Al poco de conocerse las identidades de los afortunados ganadores, de lo que también podrían haber llamado “Pase un día resolviendo crímenes”, los astutos chinonautas se pusieron a investigar sobre el pasado de los elegidos en cuestión.

Y cual fue su sorpresa, cuando sus pesquisas les llevaron a averiguar que casi la totalidad de los “elegidos al azar” eran empleados o ex-empleados de medios de comunicación gubernamentales.

¿Que conclusión sacamos de todo esto? Que este intento de maniobra disuasoria para lo único que ha servido es para indignar más a los internautas, que según muestra una encuesta de opinión digital llevada a cabo por Sina.com, (uno de los mayores portales chinos de Internet), a la que hace alusión el New York Times, el pasado martes, el 86% de los encuestados dijeron no creerse todavía la versión oficial de la muerte de Li.

Por lo que parece, a veces los dirigentes chinos se deben creer que sus ciudadanos son más tontos de lo que verdaderamente son. Y es que, amigos míos bienvenidos al mundo digital, ¡Internet, como el hambre, agudiza el ingenio!

Y yo desde luego, por lo que pueda pasar, no pienso volver a jugar al escondite, y menos en China.